Reconozco que al principio era un poco, bastante, escéptica con el movimiento del 15-M y aún a día de hoy tengo algún que otro interrogante en mi cabeza que espero se despeje al acudir a Sol este fin de semana. Al principio, pensaba que se trataba de un grupo de jóvenes apolíticos; después, que era un grupo de jóvenes y mayores oportunistas; ahora, ando camino de reafirmar que se trata de la semilla de la esperanza, de que otra sociedad es posible. Es, con mucha diferencia, el mejor momento que se produce en este país en muchos años e, inevitablemente, tiene que haber un antes o un después, aunque sea en las conciencias. Ya era hora de que España despertase del ostracismo y luchase por los poderes democráticos. Los políticos se habían vuelto sordos a lo que el pueblo demandaba: es el momento de que abran las orejas.
Las cosas que se consiguen por los cauces del diálogo y del respeto son más duraderas que las que se alcanzan con violencia. Eso es precisamente lo que buscan el movimiento del 15-M, servir de tribuna de opinión para que todos los ciudadanos descontentos con lo que hay, al margen de ideologías, clases sociales, edad y circunstancias personales, puedan expresar sus opiniones. Son apartidistas, lo que significa pluralidad, igualdad, respeto.
En Grecia, en el 1.500 a C nació la democracia, que significa, literalmente, gobierno del pueblo.

No hay comentarios:
Publicar un comentario