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jueves, 17 de marzo de 2011

Lo perdido

De repente un día te levantas y te falta algo. Puede ser un diente -hoy Nadia ha perdido otro colmillo y nos visitará el Sr. Pérez esta noche-, puede ser una rueda de repuesto -en un mes nos levantaron dos, como si tal cosa-, puede ser el tirador del portal -se lo llevaron para venderlo al peso la noche del domingo, es lo que tiene la crisis-, puede ser una matrícula -doy fe que salió volando en algún lugar entre la calle Oren

se y Princesa-, o puede ser un proyecto -¡con lo que cuesta encontrarlos!-. Es lo que tiene la noche, que es oscura, tenebrosa y favorece las pérdidas.
La mayoría de las veces todas estas cosas no vuelven. Hombre, en el caso del diente se sustituyen, pero volver, lo que se dice volver, no vuelven. Quizá es que nada es para siempre, aunque yo creía que el tirador del portal sí lo era. Quizá es que todo mute o cambie de lugar, la rueda, del maletero de uno al de otro. Quizá es que lo que no es importante se lo lleva el aire, sin matrícula no me pilla el Pere, que se "jopilili". Pero, ¿qué pasa con los planes de vida, por qué desaparecen? En esto, a ciencia cierta, tenemos mucho que ver las personas. Cuando caminamos en la misma dirección pero en sendas separadas...¡mal rollito! Como soy optimista, me quedo con eso que aseguran los matemáticos: las líneas paralelas se unen en el infinito. Sólo espero que el infinito no quede muy lejos.

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