Hay semanas que pasan sin pena ni gloria y otras que no paran de depararte sorpresas. En la segunda categoría han quedado los últimos siete días, que han dado más de si que una longaniza. Como no sabía con que historieta comenzar, al final me he dejado aconsejar por el corazón y, claro está, aquí tenéis las peripecias de Cardio.
Todo comenzó hace un mes con la llegada puntual todos los viernes de unas divertidas y educativas fichas en las que un corazón daba consejos saludables a la familia, proponía alguna actividad para hacer con el niño y sugería una receta en la que la verdura era la protagonista. El papelito lo traía Érik muy disciplinariamente en su carpeta, lo leíamos, hacíamos la manualidad pertinente y lo guardábamos en el mueble de la televisión. Al lunes siguiente, Érik se llevaba el trabajo del fin de semana en la carpeta y todos tan contentos.
La semana pasada me convocaron a una reunión en el cole sobre el segundo trimestre de infantil. “¿Qué tal con las fichas cardiosaludables?”, nos preguntó la profesora. “Los niños están encantados con las recetas. Nos cuentan lo que más les ha gustado el lunes en la asamblea”, contaba Conchi.
Receta, lunes, asamblea… ¿De qué estaban hablando? Resulta que mi pequeño camicace de cuatro años no me había dicho que había que cocinar el fin de semana y degustar los sanos manjares que Cardio –así se llama la mascota de las fichas- proponía a las familias. Érik, que de tonto tiene poco, debió escuchar los calificativos “asco, malo y casi “gomito” ” de la boca de sus colegas y, claro está, prefirió ahorrarle a mamá la valiosa información de que había que hacer las recetas en casa. Al salir de la reunión, puse al día al señor enanez de mi descubrimiento. Él, muy serio, se hizo el lonchas, pero aceptó sin rechistar toda la tarea que teníamos por delante: ponernos al día y hacer en una semana los diez comistrajos sugeridos.
El sábado tocó espaguetis de nabo, zanahoria y calabacín con salsa de setas acompañados de brochetas de pollo y manzana con crema de yogurt a la menta y al cebollino. De postre, helado de fresa, melocotón y plátano. El domingo por la noche cenamos sopa fría de tomate con queso fresco y aceitunas negras. Ayer le llegó el turno a los macarrones con salsa de espárragos verdes y patata: ellos con tomate frito y papá y mamá se los comen hoy en un Tupper. Esta noche toca el puré de patatas y setas, mañana los fideos de arroz con verduras y pasado las brochetas de frutas.
Con este maratón gastronómico, el viernes nos habremos puesto al día y estaremos a la espera de que caiga la nueva receta en la carpeta de plástico. Así estaremos durante cinco interminables –y sanos- años. Como, ¿no os había contado que las fichas de Cardio forman parte de un programa europeo de salud familiar? Pues ya lo sabéis…

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