Sosiego. Ésta es la consigna del año nuevo chino que hoy comienza. Que curioso, coincide con mi propósito para el 2011. Desde 2009, cada 31 de diciembre, elijo el deseo que quiero que se haga realidad en los próximos 365 días. Primero fue correr, luego mejorar el inglés –aquí no he hecho grandes progresos, pese a los esfuerzos de Nadia por explicarme el sistema circulatorio en la lengua de Shakespeare- y en el 2011 me empeñaré en ser más paciente y en alterarme menos. Lo voy a intentar con todas mis fueras. Palabrita.
Hace una semana leía una entrevista de la gran Ana María Matute, un encanto de mujer, una literata para quitarse el sombrero, una SEÑORA con todas las letras. Ya ha superado la barrera de los 80 años y mira la vida de otra manera, una vida que no le ha sido fácil pero que no le ha hecho perder la sonrisa. Quizá en esta longevidad tan optimista tiene mucho que ver la manera en que Ana María entiende la infancia y el desarrollo del ser humano. Para ella, crecer y convertirse en adulto es aprender a valorar las cosas pequeñas. «Dejas ya de enfadarte y piensas: ¡que se enfaden ellos!». Pues eso, que haré caso a la Matute.

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