Una de las actividades que más me divierten es escuchar las conversaciones ajenas. No sólo porque con esos retazos me imagino la vida de aquellos que hablan, sino también porque aprendo nuevos significados de las palabras. Esta mañana he añadido una nueva joyita a mi colección. Estábamos en el Rastro y, al entrar en la tienda "Cuadros guapos" -que es como se llamaba el negocio en cuestión-, oigo que el propietario bocea
a la cajera: "chica, dame algo para recoger eso del suelo, que le he dado un golpe y se ha hecho añojos". Al principio pensé que me había equivocado de negocio y estaba en una carnicería donde los terneros se desparramaban por las baldosas, pero pronto tomé conciencie de que seguía en el negocio de los cuadros al ver que Sofía Loren me miraba de reojo desde una esquina.
Aún sin reponerme, salgo a la calle y oigo lo de la "braga a un euro". ¡Qué frase tan concisa, aquí no hay posibilidad de error! Pero, como escucho la conversación de otros que caminan por la acera, me imagino a la Loren comprando un añojo añejo con las bragas hechas añicos. Demasiado calor en los primeros días de febrero.

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