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lunes, 14 de febrero de 2011

El buen humor

Tengo un compañero que sufre continuos cambios de humor. Convivir con él es como estrenar una montaña rusa cada día: nunca sabes si después de la curva toca una subida hacia el cielo o una caída al infierno. Aunque ya son muchos años, nunca termino de acostumbrarme a los vaivenes emocionales con los que te “regala” cada mañana. Supongo que para él debe ser aún peor aguantarse a diario, por eso tengo la delicadeza de no mandarle a ningún lugar poco decoroso a las 8 de la mañana, porque si me dejara llevar…
Es curioso esto del humor y el talante -¡cómo me gusta este palabro!-. Los seres humanos nos enfrentamos a la vida con una determinada actitud y, en cierta medida, la vida nos devuelve parte de la energía que le damos. Hay personas que transmiten buen rollito y otras salsa agridulce, por hacer un símil con los manjares chinos. Si te rodeas de las primeras, creces por dentro y por fuera: es como si te tocase la lotería. Si por el contrario aderezas tus momentos con la salsita de las segundas, serás víctima de sus enloquecidas tiranías.
Obviamente, como no todo es blanco o negro, en el catálogo de los individuos también están los que nadan entre dos aguas y, dependiendo del momento, son optimistas o pesimistas. Inclinar la balanza hacia el rollito de primavera es complicado, pero merece la pena: la tarea es bracear a diario contra la corriente y remontar el río con una sonrisa. ¡Me encanta ser un salmón!

1 comentario:

  1. En mi modesta opinión, creo que en la variedad de las salsas en la vida, está el gusto. Que aburrida una vida entera con la misma salsa!
    En cuanto a lo del salmón, un poco besiga ya eres.

    Con cariño.

    SALSA BRAVA.

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