
Convivir con un niño de cuatro años te puede reportar gratas experiencias vitales, sobre todo si es un poco curioso y se plantea todo lo que a los adultos nos parece obvio. A Érik le cuesta entender el extraño mecanismo que permite a los actores y actrices de series y películas abandonar sus aventuras y, como por arte de magia, aparecer en una entrega de premios: “Mami, ¿qué hace el de los piratas vestido con unos pantalones como los míos delante de la Torre Eiffel?” Es más difícil de lo que suponéis explicarle a un pequeño ser con su propio universo imaginativo que Jack Sparrow es una persona como papá –el pensamiento es libre, no seáis crueles- que se disfraza para interpretar a un personaje. Eso sí, que Bob Esponja viva en el fondo del mar y cocine hamburguesas a diestro y siniestro le parece tan real…
Y cuando la cosa va de justificar las conductas, aún es más complicado: ¿Por qué me dices que apague la luz? Si es tan cara, ¿dónde está la ranura en la que echas los euros?”.
Pero, sin duda, los momentos más divertidos surgen con el lenguaje. Lo hacemos aposta, tenemos que reconocerlo: es una delicia enseñarle nuevas palabras y expresiones. Y, claro está, pasa lo que pasa, sobre todo porque no siempre coge el significado a la primera: “Mami, de mayor quiero ser un chichinabo y que en mi cumpleaños me regales un virus, que no se te olvide”. Eso sí, el día que entiende la palabra en cuestión la incorpora a su cotidianeidad de una manera sorprendente: “Cuidado por donde andas, no te vayas a caer en el alcorque”, dice muy serio.
Es impresionante la capacidad de aprendizaje y la limpieza mental con la que los niños ven el mundo, ¡qué lástima que se pierda al sumar años en nuestra biografía! “Mami, ¿por qué la gente se grita en la tele y se pega, por qué no ponen siempre a «Phineas y Ferb»”. Eso mismo digo yo, mi pequeño ornitorrinco.
Entrañable....me encanta!!
ResponderEliminarVeo que todos tenemos un mico preguntón...Bendita inocencia!
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