
¿Qué es lo primero que te viene a la mente cuando piensas en tu pareja?, ¿y en tu compañero de trabajo?, ¿y en tu madre? El cerebro humano es como un gran bote de caramelos en el que almacenamos recuerdos de diferentes sabores, colores y hasta olores. Mi abuela materna tiene aroma de jazmín, color de tardes de verano y sabor a huevo frito: lo primero, porque era a lo que olía en el balcón de su casa, lo segundo, porque en esa época del año era cuando más tiempo pasaba a su lado, y lo tercero, porque era mi plato favorito y me lo cocinaba siempre.
Toda esta reflexión viene porque ayer nos preguntábamos qué es lo que más nos recuerda a Alberto, qué momentos queremos guardar para siempre en nuestra memoria. La verdad es que tanto a Jorge como una servidora nos vino la misma palabra a los labios: XTR. Para los que no lo sepáis, son las siglas que definen el tope de gama de cambio de Shimano, la absoluta perfección.
Querido cuñado, eras inconformista, peleón y un poquito –o bastante, depende del día- toca pelotas, una persona a la que pocas veces valían las medias tintas, que siempre querías lo mejor para ti, tu familia y tus amigos. Cada vez que íbamos a tu casa, todo era XTR: el solomillo, la televisión, la camisa… hasta la bombilla de la lámpara. ¡Todavía me acuerdo de aquel famoso sacacorchos, por supuesto XTR, que era el mejor del mundo mundial!
Ahora que te has ido para siempre de lo cotidiano, porque en nuestros corazones nunca te marcharás, nos preguntamos con quién mediremos nuestros logros, con quién compartiremos esas anécdotas imposibles que nunca descubriremos si eran fruto de tu imaginación o de una experiencia vivida y un tanto surrealista. Aunque tenemos suerte y muchos de tus genes son compartidos, nadie te suplirá nunca, Alberto, y siempre serás nuestro caramelo XTR.
Muy bueno. Perfecta definición XTR y también el ying y el yang de su rueda lenticular...
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