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miércoles, 13 de abril de 2011

Está todo inventado

Últimamente viajo demasiado y no sé si mis conclusiones se deben al exceso de horas en un avión, a los hoteles y sus desayunos pantagruélicos o a que empiezo a conocer a demasiada gente de una manera muy superficial y efímera. Me da en la nariz que es más bien por esto último. Lo de menos es donde he estado y lo de mas es que he descubierto -ya lo sospechaba hace tiempo, digamos que lo he confirmado- que las personas no sólo se parece físicamente, también lo hace por dentro, en sus expresiones y sus maneras. Quizá no lo notamos en el día a día porque, al convivir siempre con los mismos seres humanos, no apreciamos las similitudes que hay entre éstos y otro congéneres que andan por la galaxia perdidos, sin rumbooooo. Sin embargo, cuando conoces a otras gentes te das cuenta de que, en esto del lenguaje y las expresiones corporales -en el sentido más limpio de la palabra- está todo inventado. Al principio es curioso, luego es divertido y después raro, raro, raro. Sufrir un dejavu cada dos por tres no es bueno para el señor cardiovascular y al final se convierte en obsesivo y enfermizo.
Supongo que todo tiene que ver con que el ser humano es una especie de vampiro existencial y copia lo que ve en el otro, muy a pesar de la Ley Sinde. ¿Esa frase me gusta?, pues la incorporo al repertorio. ¿Este gesto me hace parecer interesante?, pues me lo quedo, aunque cada vez que lo haga se me encasquille el labio y parezca que me ha dado una parálisis momentánea. Si no, ¿quién se explica que expresiones como "esto es muy guapo, tío", "tronco como ronco" o "Andreita, cómete el pollo" se repitan por doquier?
Ya, ya sé que estáis pensando que debería dejar de viajar. Sed buenos y mandarle un correo a mi jefe.

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